miércoles, 7 de diciembre de 2016

VOLUNTARIADO EN EL AREVALILLO


Grupo de voluntarios plantando un pino. Foto: Julio Pascual

El pasado 20/11/2016 se realizó una campaña de voluntariado en el entorno del paseo fluvial destinada a la limpieza del terreno y a la plantación de algo más de 200 árboles.
La jornada pudo celebrarse gracias a una subvención para actividades de voluntariado ambiental que la Diputación Provincial de Ávila concedió al Ayuntamiento de Arévalo cuyo importe era de 2500 euros, de los cuales la Diputación aportaba 2000 y los 500 restantes el Ayuntamiento de Arévalo , que fue quien se encargó de dotar el material necesario para la plantación de árboles y para la limpieza de cuestas.
Los árboles comprados para la ocasión con el dinero de la subvención eran en su mayoría pino piñonero (Pinus pinea) y encina (Quercus ilex), aunque también había unos diez pinos silvestres (Pinus sylvestris) y diez acebos (Ilex aquifolium), estas dos últimas especies consideradas foráneas en la zona que nos ocupa.
Francisco Durán Vian (Fran) se encargó de los preparativos para que el Ayuntamiento solicitara la subvención. También de hacer el llamamiento para que los voluntarios acudiesen y de la planificación y organización.
La actividad consistió en la forestación y limpieza de la ladera este del río Arevalillo en el tramo comprendido entre los puentes de los Barros y de los Lobos, uno de los tramos de ladera más deteriorados tanto por la falta de vegetación arbórea como por los desechos de todo tipo arrojados por incívicos desaprensivos.
Aunque según todos los pronósticos meteorológicos la mañana amenazaba lluvia, a las 10:00 acudieron a la cita 75 voluntarios con ilusión y ganas de trabajar en favor del medio ambiente arevalense. Y lo cierto es que el agua respetó bastante la jornada, pues solo cayeron unas pocas gotas que, hasta cierto punto, se agradecieron porque refrescaban los calores derivados del trabajo y del esfuerzo.
Fran se encargó de dirigir la plantación con la ayuda de personal del Ayuntamiento y la presencia de Agustín Carpizo, concejal de medio ambiente. Todos los asistentes se dividieron en dos grupos: El primero, con menos aptitudes para la movilidad en ladera, se encargaría de la plantación y limpieza en terrenos con pendiente suave propios del fondo del valle. Y el segundo realizaría las mismas faenas pero en las zonas con una pendiente más acusada, que ocupan la mayor parte del terreno a forestar.
Mientras el primer grupo empezaba a plantar con los aperos necesarios facilitados por el Ayuntamiento (guantes, azadones, azadas, azadillas, palas...) el segundo comenzaba la limpieza de las cuestas en la zona de mayor pendiente con guantes y bolsas de basura.
Grupo de voluntarios plantando en la parte baja de la ladera. Foto: Julio Pascual
Grupo de voluntarios en tareas de limpieza por la empinada ladera. Foto: Julio Pascual

La primera parte estaba programada que durara hasta las 11:45 pero se alargó casi media hora. Así que el cambio de turno se produjo a las 12:15. Los que habían estado limpiando en ladera pasaban a plantar en la misma zona y los que habían estado plantando en el fondo del valle pasaban ahora a limpiar. En este segundo turno de plantación, según las primeras instrucciones de Fran, se deberían haber plantado árboles por las zonas de ladera con pendiente acusada.
En torno a las 13:00 se hizo una parada para almorzar y, finalmente se terminaron de plantar los pocos árboles que quedaban. dando por concluidas las tareas de voluntariado hacia las 14:00 horas.

Ahora voy a pasar a analizar primero los aspectos positivos de la jornada y después los que, bajo mi punto de vista, se pueden considerar negativos.

1. Luces de la jornada de voluntariado:
- El éxito de asistencia de público a la campaña de plantación y limpieza, a pesar de los malos augurios del tiempo, es el primer dato positivo a tener en cuenta para animar a los organizadores a que se realicen campañas similares en el futuro.
- La ilusión y las ganas de trabajar por el medio ambiente de todos y cada uno de los participantes y el buen ambiente de trabajo, hicieron que las faenas de limpieza y plantación se convirtieran más en una fiesta que en un trabajo a pesar de la dureza de la labor efectuada.
Grupo de voluntarios en tareas de limpieza por la empinada ladera. Foto: Julio Pascual:

- La percepción de sentir como propio, por parte de los voluntarios,  algo que por ser municipal pertenece a todos los arevalenses, es uno de los principales logros a tener en cuenta en este tipo de trabajo con voluntarios. Al final de la jornada cada voluntario pudo sentir que el terreno plantado o limpiado, realmente, le pertenece o que pertenece a la colectividad.
- La intención de conservar, mejorar y embellecer a través del trabajo voluntario un espacio que, gracias al proyecto del paseo fluvial efectuado por Fran, cada vez es más frecuentado por una buena parte de los arevalenses y que ahora sienten como algo propio y digno de admiración y respeto.
Grupo de voluntarios plantando un pino. Foto: Julio Pascual

- Plantar árboles a través de voluntariado hace que sean respetados, vigilados y considerados como algo propio o al menos que no es ajeno a los arevalenses.
- En muchos casos el trabajo del voluntario no acaba tras la plantación o limpieza, ahora una buena parte de los voluntarios con sus comentarios a amigos y conocidos harán que cada vez más y más personas se interesen por el medio ambiente, lo cuiden y lo hagan respetar.
 - Todo lo anterior nos lleva a mantener limpio el espacio a cuidar su entorno y a sentirnos identificados con su fauna y flora.
También es tarea del Ayuntamiento ayudar a que esta actitud perdure en el tiempo.

2. Sombras de la jornada de voluntariado:
A continuación paso a explicar las debilidades de esta jornada de voluntariado que, por supuesto, nada tiene que ver con el trabajo realizado por los voluntarios sino, más bien por las deficiencias en la planificación y coordinación de estas y otras tareas tanto anteriores como posteriores a la jornada en sí. Y lo hago, no con la intención de faltar el respeto al Ayuntamiento, ni a Fran, ni mucho menos a los voluntarios, sino con la voluntad de que este tipo de actos mejoren en un futuro, aprendiendo de los errores que se puedan haber cometido.
Estas son, bajo mi punto de vista, las debilidades de la jornada de voluntariado ambiental:
- En la primera parte de la plantación se plantaron unos 130 ó 140 árboles, lo que quiere decir que la gran mayoría de los árboles se plantaron en la zona donde era menos necesario plantar, en el fondo de valle y proximidades, donde el terreno tiene menos pendiente que es, precisamente donde Fran había llevado a cabo el grueso de su actuación del paseo fluvial.
Árboles plantados próximos a la senda del paseo Fluvial. Foto Luis J. Martín.

- En cambio en la zona de mayor pendiente de las laderas, que ocupa la mayor parte de la superficie a forestar tan solo se plantaron unos 40 árboles ya que entre 15 y 20 se colocaron en la zona donde comienza el paseo por el puente de los lobos, una zona que ya había sido forestada anteriormente durante la realización del proyecto de paseo fluvial.
Zona de máxima pendiente con muy pocos árboles plantados. Foto Luis J. Martín.

- Entonces la zona más despoblada, la que mayor pendiente, corrimientos y erosión tiene fue plantada de forma claramente insuficiente. Siempre bajo mi punto de vista, las proporciones deberían haber sido inversas a como se llevaron a efecto, es decir, más de la mitad en ladera y menos de la mitad en fondo de valle.
- Bastantes árboles carecían de tutor (palo o caña que mantiene recto al árbol) o estaba roto, por lo que algunos ejemplares recién plantados acabaron tumbados en el suelo por efecto de la lluvia y el viento.
Pino piñonero tumbado por tener el tutor roto. Foto Luis J. Martín.

- En alguno de los árboles el hoyo de plantación era claramente insuficiente, por lo que quedaba una parte del cepellón por fuera lo que perjudica su supervivencia. Faltó, tal vez, una lección previa de cómo plantar un árbol correctamente.
Árbol con el cepellón insuficientemente enterrado. Foto Luis J. Martín.

- Alguno de los alcorques que se hicieron en torno a los árboles para que retengan el agua de la lluvia fueron destruidos al ser regados con mangueras desde el camión de los bomberos.
Árbol con el alcorque destruido. Foto Luis J. Martín.

- Ante la negativa de algunos voluntarios de plantar pinos silvestres y acebos, especies foráneas y poco indicadas para la zona elegida a forestar, ya que lo que se intentaba con la plantación era, en la medida de lo posible, naturalizar las cuestas, finalmente fueron plantados todos, en total 20, en lo alto de la ladera, en el paseo del Poniente. Por lo que si esos 20 ejemplares hubieran sido, por ejemplo pinos negrales (Pinus pinaster) se podrían haber añadido a los plantados en las laderas.
Acebo plantado en el paseo del poniente. Foto Luis J. Martín.

- Después de la jornada de voluntariado ambiental el concejal de Medio Ambiente, en lugar de ordenar poner los tutores que faltaban a los árboles tumbados, ordenó desbrozar una parte de la ladera donde hay gramíneas de unos 30 ó 40 centímetros de altura que sujetan el suelo de forma natural y que protegen del viento a los árboles plantados. 
Zona incomprensiblemente desbrozada. Foto Luis J. Martín.

- Por culpa de estos desbroces llevados a cavo en los últimos meses se han perdido varios de los pinos y encinas de bajo porte plantados en el paseo fluvial así como algunos arbustos y, también, ha sido dañado peligrosamente el tronco de algunos árboles plantados de mayor porte.
Encina destrozada tras un desbroce en el paseo fluvial. Foto Luis J. Martín.

A pesar de estos aspectos negativos, animo tanto a Fran como al Ayuntamiento a que sigan organizando jornadas de voluntariado ambiental para que se mantengan limpios espacios valiosos, se aprenda y ayude a forestar terrenos desnudos y erosionables y que continúen poniendo en valor las riberas y laderas de nuestros ríos en toda su extensión.
Entre todos conseguiremos una naturaleza cercana y esplendida al alcance de aquel que quiera disfrutarla, un aliciente más tanto para el turismo medioambiental, cada vez más en auge, como para aquellos vecinos que pretendan, simplemente, pasar un buen rato y pasear por algunos de los rincones más bellos de Arévalo, donde el hombre, la fauna y la flora vayan de la mano en armonía.
Ahora ya solo queda que, de una vez por todas, el Ayuntamiento solicite a la Confederación Hidrográfica del Duero el agua que el Arevalillo necesita para que el espacio esté al completo.
Recuerda que plantar árboles te acerca a la eternidad.

En Arévalo, a ocho de diciembre de 2016
Luis José Martín García-Sancho

Memoria fotográfica:
Algunos aspectos de la campaña de limpieza y plantación en la cámara de Julio Pascual:










Algunos aspectos negativos en la cámara de Luis J. Martín:

Pino piñonero destrozado tras un desbroce.
El pino silvestre es una especie alóctona, inadecuada parea estos terrenos

Pino piñonero dañado gravemente por el desbroce.


Zona de la muralla medieval muy erosionada y con grave riesgo de desplome, sin que haya sido suficientemente forestada

sábado, 3 de diciembre de 2016

EL MÉDICO SABIO



El 19 de noviembre de 2016 falleció en Madrid Luis García-Sancho, a la edad de 78 años. Un maldito cáncer nos arrebató la vida de una gran persona y un médico brillante.
No es porque fuera mi tío, hermano de mi madre, lo cierto es que solo tengo de él gratos recuerdos, los que se tienen de buenas e íntegras personas. Tanto antes como después de su muerte, son muchos los comentarios que de él he oído de gentes muy diversas, tanto de grandes profesionales de la medicina, como de humildes y casi anónimas personas que agradecían el trato recibido por mi tío en algún momento en que su vida o la de algún ser querido se vio amenazada por alguna grave enfermedad. Todos ellos coinciden en el trato cercano del médico y en la generosidad y sencillez de la persona. Lo cierto es que la humildad hace aún más grande al sabio.
De hecho a lo largo de su dilatada carrera como profesional de la medicina siempre inculcó a los innumerables discípulos que por su cátedra pasaron, el amor y la entrega a los enfermos, así como un trato amable. Por tanto, ha formado también a grandes médicos y cirujanos que han tenido y tienen en él un ejemplo a seguir.
En este particular fui testigo privilegiado de la humanidad del profesional de la medicina hacia el paciente: Hace unos 25 años estaba ingresado en el hospital La Paz porque me habían operado de múltiples papilomas en la vejiga. Me habían aconsejado que bebiera mucha agua, recuerdo que en poco tiempo había bebido más de dos litros. Pero la sonda se obstruía con los coágulos procedentes de las heridas, por lo que la vejiga se iba llenado de líquido cada vez más. Una de las enfermeras la limpió metiendo a través de la sonda una solución salina que hacía salir a los coágulos. Pero en poco tiempo se me había vuelto a taponar. Ana había llamado al timbre para que acudiera la enfermera y ésta había dicho que la sonda estaba bien.
Yo sentía como la vejiga crecía y crecía por el líquido ingerido, sin que saliera ni una sola gota a la bolsa. Ana volvió a llamar, la enfermera dijo que si me seguía molestando me lo cambiaría el siguiente turno. Yo le dije que no era molestia que era un dolor inaguantable que parecía como si me fuera a estallar la vejiga. Pero no hizo nada por segunda vez.
Afortunadamente llegó tío Luis. Venía vestido de paisano, había venido a ver a unos pacientes a los que había operado por la mañana. Se lo contamos y fue a buscar a la enfermera. Se identificó. Recuerdo que dijo: "Soy el doctor García-Sancho, jefe del Departamento de Cirugía", creo que el rostro de la enfermera palideció. Recuerdo, igualmente, que en ningún momento levantó el tono de voz para decirle que hiciera el favor de desobstruirme la sonda. Afortunadamente así lo hizo.
¡Qué alivio! Si te das cuenta de la sensación placentera que experimentas al orinar después de contenerte durante un buen rato, pues multiplícalo por mil, esa era mi sensación de alivio.
Después, con un tono de voz suave a la par que enérgico recriminó a la enfermera su conducta haciéndola ver que un cambio de turno no era razón para tratar así a un paciente, que su trabajo consistía, precisamente, en intentar paliar en lo posible el sufrimiento del enfermo.
Sí, así era como médico y como persona.
A continuación voy a reproducir el artículo que sobre el Doctor Luis García-Sancho se publicó en la Llanura e Arévalo hace casi dos años. Un momento en el que miraba al futuro con ilusión tanto por su vida familiar en compañía de su mujer, hijos y nietos, como por los proyectos que como académico de la Real Academia de Medicina tenía entre manos, con la satisfacción, como siempre, del trabajo bien hecho:



Luis García-Sancho Martín

El Dr. García-Sancho, por razones familiares, de amistad y de paisanaje, siempre se ha mantenido vinculado a esta tierra y en no pocas ocasiones ha sido el cirujano, o cuando menos, el consejero o asesor de muchos de sus vecinos en cuestiones de sus enfermedades.
Aunque no nació en Arévalo siempre se ha sentido arevalense pues vivió en esta Ciudad desde 1942, en la que su padre ejercía como Médico Estomatólogo. Su lugar de nacimiento fue Montuenga (Segovia), el 20 de enero de 1938, en cuya escuela pública comenzó la enseñanza primaria, que continuó después en el Colegio de las Amantes de Jesús de la Plaza del Real de Arévalo, para continuar con el Bachiller en el Colegio Nuestra Señora de las Angustias. En su discurso de ingreso en la Real Academia Nacional de Medicina dice: “Quiero recordar en este momento a D. Hilario Díez Martín, el maestro con quien di mis primeros pasos en el mundo de la enseñanza hasta el ingreso de Bachiller, y a todos los profesores del Colegio Nuestra Señora de las Angustias, de Arévalo, donde preparé el Bachiller para ir a examinarme “libre” al Instituto de Ávila”.
Durante sus estudios de Medicina continuó su vínculo con Arévalo. Recuerda cómo los médicos D. Lucas Gómez Fortado y D. Francisco Marcé Mauri le permitían hacer prácticas durante sus estancias veraniegas y fines de semana.
Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de Valladolid (1955-1962), con la calificación de Premio Extraordinario de la Facultad, obteniendo el Premio Nacional Fin de Carrera de Medicina de 1962.
Desde entonces su carrera es brillante. Siempre por Oposición:
- En 1962 es Médico interno en la Cátedra de Cirugía de Valladolid del Profesor Durán Sacristán, en la que ejerce como Ayudante de Clases Prácticas y se forma y ejerce en la especialidad de Cirugía General en el Hospital Provincial de Valladolid.
- En 1969, se traslada con su Maestro, el Prof. Durán, a la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, al Hospital Clínico de San Carlos, desempeñando los cargos de Jefe Clínico de Cirugía y de Profesor Adjunto de Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
- En 1972 presenta en esta facultad su tesis doctoral que es calificada con Premio Extraordinario.
- En 1975 obtiene la plaza de Profesor Agregado de Cirugía de la Facultad de Medicina de Bilbao, y pasa a dirigir el puesto de Jefe del Servicio de Cirugía del Hospital de Basurto (Bilbao) y Director del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco.
- En 1976 obtiene la Cátedra de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura en Badajoz, así como Jefe de Departamento de Cirugía de la Residencia Sanitaria Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Badajoz. Durante su permanencia en esta Universidad desempeña los puestos de Vicedecano de la Facultad de Medicina y de Vicerrector de Investigación de la Universidad de Extremadura.
- Su última y más larga etapa profesional (1982-2008) corresponde a la Cátedra de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Durante este mismo período ha sido, por concurso-oposición nacional, Jefe del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario La Paz de Madrid, y en dos etapas de este lapso de tiempo, ha sido Director del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, lo que significa la responsabilidad de la organización y coordinación asistencial de todos los servicios quirúrgicos del hospital y de las tareas docentes de las disciplinas encuadradas en el Departamento de Cirugía en el conjunto de hospitales adscritos a la Facultad de Medicina.

Además:
- Es Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina desde 1990.
- Es Académico de Número (sillón nº 21) de la Real Academia Nacional de Medicina desde 2005. -Es Profesor Emérito de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, desde octubre de 2008.
- Es Coautor del “Tratado de Patología y Clínica Quirúrgicas” en tres volúmenes y, también coautor del “Compendio de Cirugía”. Dos obras de consulta para cualquier estudiante o profesional de la cirugía.
También es autor de más de 200 publicaciones en revistas científicas españolas y extranjeras. Ha dirigido y participado en varios proyectos de investigación. Ha dirigido 40 tesis doctorales y ha sido miembro de centenares de tribunales.
- Como académico es codirector y coautor del Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina. Una herramienta para la normalización y el buen uso del lenguaje médico en español que cuenta con 52.000 entradas y 65.000 acepciones e incluye unos 35.000 sinónimos. Actualmente, participa en la segunda edición del diccionario y en la elaboración de un Diccionario Panhispánico de Términos Médicos en colaboración con las Academias de Medicina de habla hispana.
La actividad desarrollada durante 46 años de ejercicio profesional comprende, como la de cualquier docente clínico, tres facetas fundamentales: actividad asistencial, docente e investigadora. Ha sabido imbuir a sus discípulos la necesidad de la formación continuada, el espíritu de sacrificio y la abnegación que exige la práctica de la cirugía, la honestidad, la honradez, el entusiasmo por la profesión, el amor y la entrega a los enfermos, así como su trato afable. Bajo su dirección y supervisión se han formado varios centenares de cirujanos generales o han recibido la formación básica en cirugía general otros especialistas quirúrgicos.
Siempre ha rechazado ofertas del ramo privado, pues ha preferido ejercer en exclusiva la sanidad y la docencia pública, lo que le convierte en una persona enamorada de su trabajo y que siempre lo ha ejercido de forma humilde, comprometida y honesta. Todo esto como profesional, como persona es aún mejor.

Artículo publicado en el nº 67 de La Llanura de Arévalo, de diciembre de 2014.
Luis José Martín García-Sancho

P.D.: Una de sus últimas voluntades fue que sus cenizas reposaran en el cementerio de Arévalo.



domingo, 27 de noviembre de 2016

¡CALLA!



Si me decís que me calle
dando voces desde arriba,
tal vez haréis que me calle
pero no borraréis lo que escriba.
Si me decís que no escriba
subidos a vuestra atalaya,
tal vez haréis que no escriba
pero no obtendréis que me vaya.
Si me decís que me vaya
con viento fresco a otra calle,
tal vez haréis que me vaya
pero no lograréis que me calle.
Si me decís que me calle...

Arévalo, a 27 de noviembre de 2016.
Luis José Martín García-Sancho.
Luis J. Martín. Foto de Mario Gonzalo.

viernes, 25 de noviembre de 2016

EL HOMBRE QUE NO AMABA A LOS ÁRBOLES

Prunus pisardi  en la plaza del Arrabal de Arévalo el 17/11/2016

Una vez más
voy a dar que hablar...
Ayer era así,
hoy no soy nada
no tendré flor
que llevarme a la cara.
Por qué me castigas
con filo de hacha.
Por qué me hieres
con diente de sierra.
Qué te he hecho
para que me trates así.
Por qué no me dejas vivir,
estar florido en mayo
frondoso en verano.
Me haces daño,
no me cortes más las manos
que al cielo se alzaban
orgullosas,
déjame sentir a criaturas
gozosas,
que se miren en mi flor,
que se sienten a mi sombra,
que se posen en mis ramas,
que aniden entre mis hojas.
Pero me has vuelto a podar
de una forma brutal
y así una vez más
voy a dar que hablar.
Por qué me tratas así,
si gracias a mí tú vives
y tú no me dejas vivir.

En Arévalo, a 23 de noviembre de 2016
Luis José Martín García-Sancho

El mismo Prunus pisardi  en la plaza del Arrabal de Arévalo el 18/11/2016. 
Árboles de flor podados para que no den flor.

Grupo de Prunus pisardi antes y después de la poda
en la plaza del Arrabal de Arévalo (17 y 18/11/2016)


jueves, 17 de noviembre de 2016

EL ÁRBOL, GENEROSO COMPAÑERO

Foto de José Luis Díaz Segovia



José Luis Díaz Segovia

La relación entre el hombre y el árbol forma parte de la historia universal de nuestra especie, existiendo un vínculo inseparable entre ambos. Nuestros remotos antepasados veneraban al árbol como un símbolo divino que se alzaba al cielo y del cual provenían los dones de la vida. Prácticamente en todas las antiguas culturas de la humanidad, el árbol aparece como objeto de veneración y reverencia. El bosque era considerado como un lugar sagrado, donde sacerdotes e iniciados practicaban sus rituales religiosos y recibían secretas enseñanzas. El cristianismo retoma el modelo de la naturaleza al construir las grandes catedrales góticas, cuyos pilares y columnas recuerdan al bosque, bajo el hechizo de la penumbra y los sutiles haces de luz que se filtran a través de las vidrieras.
Muchos mitos, leyendas y hechos históricos tienen un testigo común, el árbol. Los pueblos celtas, por ejemplo, rendían culto al roble y al tejo milenario, a cuya sombra celebraban sus ritos y consejos. En la India, Buda alcanza precisamente la iluminación a los pies de un gran árbol. Y en China o México se otorgaba un carácter cósmico a las altas ramas y raíces de los árboles, que se creía conectaban el cielo con la tierra. Las sacerdotisas griegas interpretaban el destino según el  movimiento de las hojas de la encina, o veneraban al olivo, que había sido plantado, según sus creencias, por la diosa Atenea. En Roma, la higuera "Romulario", que había protegido a Rómulo y Remo, se secó en el año 50 A.C., un hecho que se tornó en siniestro augurio para el Imperio Romano.
Otra creencia muy extendida consideraba a los árboles como refugio de las almas de los muertos, que en algunos casos esperaban a reencarnarse, o en otros eran condenados a permanecer sujetas a la tierra, para expiar así sus faltas. De ahí el significado de plantar árboles junto a las tumbas, como es el caso del ciprés, símbolo ancestral de luto en las culturas mediterráneas, identificándose con plegarias y promesas de inmortalidad. La forma alargada del ciprés, que se eleva a los cielos, sería como una llama eterna que jamás se apaga.
En la mayoría de las antiguas civilizaciones era costumbre plantar un árbol cuando nacía un niño. El destino de ambos era entonces inseparable y si el árbol enfermaba, se creía que el hombre se hallaba en peligro. De ahí que éste se ocupara de su hermano arbóreo y le prodigara sus cuidados durante su vida.
Foto Luis J. Martín

Los pueblos de la antigüedad que habitaron la Peninsula Ibérica, como los celtas, otorgaban un carácter sagrado a los árboles. Las reuniones de los venerables ancianos y los concejos se llevaban a cabo bajo tejos milenarios, o a la sombra de los negrillos, que hasta su reciente desaparición adornaban con su majestuosidad nuestras plazas y paseos. Los romanos sembraron el suelo hispano de castaños y olivos. Los árabes enriquecieron el campo gracias a su sabiduría sobre el agua. Nos dejaron norias, molinos, canales, y un exquisito gusto por las fuentes, surtidores, jardines y los árboles. Los reyes cristianos quedaron fascinados por esta cultura y llegaron incluso a aplicar severos castigos a quienes talaran los bosques.
Foto José Luis Díaz Segovia

Como vemos, la vida y la muerte del ser humano ha estado siempre ligada al árbol. Muchos pueblos del pasado no podían talar un árbol sin rogar antes a los espíritus que lo moraban, que se retirasen de él. Quien despreciara estas leyes podía ser castigado incluso con la muerte. Todavía en algunas tribus actuales, el hombre pide perdón al árbol y sentado junto a él le ofrece la razón por la que debe cortarlo. Durante siglos, y antes de que llegaran los colonizadores a Norteamérica, los pueblos que habitaban aquellas tierras veneraban al árbol como un espíritu benefactor. Conocida es igualmente la veneración de los pueblos germanos y nórdicos por los árboles, incluso aún hoy en nuestros días.
Lamentablemente, el hombre ha perdido el vínculo y el sentimiento de respeto hacia el árbol a través de los tiempos. En amplias zonas de nuestro Planeta los desiertos ocupan territorios antaño fértiles y exuberantes sobre los que se asentaron las grandes civilizaciones, como en Oriente Medio o Asia. Cuando los fenicios, cartagineses y romanos se instalaron a lo largo del litoral mediterráneo de la península, y también en áreas del interior, sin duda se sintieron atraídos por la bondad y riqueza de aquél paisaje ibérico. Pero hoy la imagen de del solar ibérico es bien distinta. Los suelos están degradados y desertizados por la secular e implacable actividad humana.
Foto José Luis Díaz Segovia

En la provincia de Ávila, se sabe que en la Edad Media extensos encinares ocupaban las infinitas tierras morañegas. Sin embargo, tras ser expulsados los árabes hacia Toledo, la llanura es roturada en apenas una centuria. Lo mismo ocurre en otras zonas de la provincia, como El Alberche y el Tormes, donde miles de aserradores gallegos y portugueses talan los espléndidos bosques caducifolios y de pino silvestre de Gredos, para satisfacer la creciente demanda de madera de la Corte. Los actuales pinares de Navarredonda de Gredos y Hoyos del Espino son sólo un triste recuerdo que evoca el primitivo paisaje de estas montañas. Mientras, en la vertiente sur del Macizo la exuberante y frondosa vegetación de sus gargantas prácticamente ha desaparecido bajo el golpe del hacha, la mecha y el diente del ganado caprino. Hace alrededor de mil años Alfonso XI escribe el libro de la Montería, en el que se cita la presencia del oso en multitud de puntos de Gredos, desde su extremo oriental, donde se ubican los célebres Toros de Guisando, hasta los lejanos confines de la Sierra que limitan con Cáceres. Y si había osos, no resulta difícil imaginar la fragosidad de aquellos montes y bosques impenetrables, con abundancia de frutos y bayas para satisfacer la dieta de estos poderosos animales. Lamentablemente ya no quedan osos en estas montañas. Se cree que el último ejemplar desapareció hace tres siglos. Sólo quedan las laderas desnudas, desprovistas del extraordinario ropaje que en otro tiempo lucieron orgullosas.
Ya en el s. XVI, Laurent Vital, un incansable viajero europeo que recorría España, se muestra tan apesadumbrado al ver la imagen de Castilla, que allá por donde va sugiere a los lugareños que planten árboles en las riberas de los ríos y en otros lugares, para que la tierra no se vuelva estéril. En el s. XVII Antonio Ponz pasa por Avila y comenta: “el abandono de los árboles es origen de mayores calamidades, sequedades y carestías y el medio único de restituir al reino su grandeza, sería poblarlo todo él con los árboles más connaturales a los diferentes territorios”. Consejos que desgraciadamente no sólo resultaron inútiles en aquella época, sino también en nuestro pasado más reciente, e incluso en nuestros días, al comprobar los criterios forestales que todavía rigen oficialmente y el comportamiento arboricida de muchos ciudadanos.
Foto José Luis Dïaz Segovia

Los árboles son los seres vivos más generosos de la naturaleza. Desde que aparecieron sobre nuestro Planeta, millones de años antes de que lo hiciera nuestra especie, nos han ofrecido constantes regalos y beneficios gratuitos, como alimentos en forma de bayas y frutos. Nos han proporcionado refresco en verano y cobijo bajo la lluvia y el frío. Gracias a la madera el hombre construyó chozas y cabañas donde poder vivir. Con la leña, el hombre se calentó en las oscuras y frías cavernas, o fabricó herramientas domésticas y armas para cazar a los animales. Hoy continuamos aprovechando sus dones: corcho, resinas, esencias, frutas y frutos diversos, madera para fabricar muebles, papel, etc.
Los árboles son, además, una acogedora casa de la vida. En sus ramas y también en sus troncos encuentran refugio millones de criaturas. Los bosques regulan el ciclo del agua, absorben la humedad y la devuelven de nuevo al cielo, favoreciendo así las lluvias. Sus hojas se depositan al caer sobre el suelo, enriqueciéndolo al descomponerse. Mientras, bajo la superficie, sus largas raíces se entrelazan sujetando la tierra, evitando de este modo que sea arrastrada hacia los ríos y mares. Donde no hay árboles ni vegetación el suelo queda inerte, indefenso y a merced del viento y la lluvia. La erosión degrada el paisaje y se lleva el fértil limo al cauce de los ríos y el fondo de los embalses.
Pero aún hay más, los árboles utilizan y reducen el CO2 (dióxido de carbono) de la atmósfera, cuyos niveles han aumentado peligrosamente debido a la contaminación provocada por el ser humano. Además, gracias a la fotosíntesis, generan parte del oxígeno que respiramos, del cual depende nuestra supervivencia.
Foto José Luis Díaz Segovia

Los árboles son, pues, la base del complejo y delicado entramado sobre el que se asienta el equilibrio de la naturaleza. Aún recuerdo bien las palabras de mi abuelo, que de niño sabiamente me decía: “proteger los árboles es asegurar la vida”. Quizá por eso desde siempre he sentido una especial fascinación por estos seres vivos. Quizá por eso no puedo reprimir el deseo de acercarme a ellos, de contemplar su noble porte, acariciar su piel, y palpar sus venerables arrugas con absoluto respeto. Me gusta conversar con ellos en silencio, esperando que el rumor del viento en sus hojas me cuente relatos increíbles de su vida. A su lado entiendo la humildad de la condición humana y detesto cada vez más la soberbia de que hacemos gala. Abrazar un árbol centenario y hasta milenario es una de las más simples satisfacciónes que he tenido, conocer a estos majestuosos testigos mudos de la historia, que han soportado estoicamente vendavales y tempestades, aferrados a sus raíces, eternamente inmóviles, pero felices por elevarse hacia el cielo. Y esos otros árboles que juegan en la infancia, adolescentes, ajenos al reloj. Y junto a ellos he comprendido la relatividad del tiempo.
Sin embargo, el hombre quema y destruye sin contemplaciones los bosques y las selvas, que retroceden ante el avance implacable de los desiertos. Apenas nos queda ya el 20% de los bosques primarios del Planeta. Cada año se pierde una superficie arbolada similar al territorio de España y Portugal. A este ritmo, se calcula que dentro de unos veinte años las grandes masas forestales de ambos hemisferios habrán desaparecido por completo.
La reflexión es evidente, si no somos capaces de respetar y salvar a nuestros amables compañeros los árboles, desapareceremos inevitablemente también con ellos...

Foto José Luis Díaz Segovia


Palabras de Felipe II en el Consejo de Castilla, 1582
“Una cosa deseo ver acabada de tratar, y es lo que toca la conservación de los bosques y aumento de ellos, que es mucho menester y creo que andan muy al cabo”
“Temo que los que vinieren después de nosotros, han de tener mucha queja de que se los dejemos consumidos”


José Luis Díaz Segovia



miércoles, 16 de noviembre de 2016

PODA, TERCIADO, DESMOCHADO


FOTOS: Luis J. Martín

PODA, TERCIADO, DESMOCHADO
Según jardineros  profesionales no es necesario podar sistemáticamente a los árboles urbanos. Menos aún agredirlos con el desmochado y el terciado, prácticas que son consideradas por expertos en la materia como severas y excepcionales y que, en cambio, en Arévalo se realizan de forma habitual cada otoño.
Se considera Terciado un tipo de poda abusiva que consiste en cortar todas las ramas de un árbol dejándolas a un tercio de su longitud.
Se considera Desmochado a una poda más salvaje e injustificada aún que el terciado consistente en cortar todas las ramas a ras del tronco
El siguiente artículo es uno de los pocos de este blog del que no soy el autor, está basado íntegramente en el trabajo de  Pedro Cáceres “podas salvajes, en el que recopila de forma contundente las opiniones de expertos en botánica, arboricultura y jardinería.
A continuación les ofrezco un pequeño resumen:

- Simón Cortés, jardinero profesional y colaborador de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA):

“Hacer un desmoche, cortar el tronco principal, o un terciado, quitar la tercera parte de las ramas o dos tercios según distintas escuelas de jardinería, es prácticamente cepillarse al árbol. En un árbol normal lo que habría que hacer es quitar las ramas que están secas o enfermas y, prácticamente, dejarle expresarse de forma natural”.

- Luciano Labajos, jardinero y maestro de jardineros. 

“Fisiológicamente el árbol no requiere poda. Esos brotes vigorosos y rectos que aparecen en los árboles podados severamente no son muestras de vigor tras la intervención, como erróneamente se piensa, sino un intento desesperado y costoso de crear hojas a toda velocidad para no morir. El árbol mal podado pierde esperanza de vida”.

- César Javier Palacios geógrafo y miembro del Observatorio de Árboles Monumentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente:

“En España tenemos la manía de podar los árboles urbanos pero en otros países no es así. En algunas zonas de España es casi una leyenda rural que los árboles necesitan podarse y que si no se les poda se mueren. Empeñándonos en dejarlos en muñones todos los años les hacemos un flaco favor. No hay más que ver los miles de ellos que mueren todos los años en las ciudades por esos excesos”.

- Enrique Paredes, presidente de la Escuela de Paisajismo y Jardinería Castillo de Batres:
“Los políticos que se hacen las fotos y que cortan las cintas prefieren especies de rápido crecimiento, pero en el pecado llevan la penitencia, porque al final tienes que estar podando si no quieres que se te vaya de las manos”.

- Bernabé Moya, director del Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia:
“El árbol urbano no necesita una poda sistemática y continua de grandes ramas que lo deja transformado en una percha. Muchas veces quien planifica lo hace desde un punto de vista arquitectónico y entiende el árbol como un mueble de quita y pon. Los urbanistas generan espacios verdes con un programa de diseño gráfico llamado AutoCAD. Pintan un palo y una bola verde en el plano y así quieren que se quede sin tener en cuenta que es un ser vivo y que va a crecer”. 

- Mercedes San Juan, presidenta de Trabajadores Especializados en Poda y Arboricultura (TREPA):

 “Terciar o desmochar un árbol no es podar, sino mutilar. La poda es un arte que obliga a saber de botánica y de técnica y hay mucho intrusismo. No hay la costumbre de llamar a los profesionales. Hay mucha gente que no sabe podar, pero le dan una motosierra y te lo corta todo por lo sano”. 

- Fernando Fueyo, pintor y autor de libros ilustrados sobre la vegetación:
foto GMaps
«A mí esas mutilaciones y amputaciones me recuerdan los Desastres de la Guerra, de Goya. Nos están hurtando la belleza. Delante de mi ventana tengo dos tilos que han ido creciendo solos sin que nadie los toque y tienen una estructura perfecta, bellísima. Pero vendrá alguien a podarlos y los estropeará para siempre. Temo ese momento”.

En Arévalo, otoño de 2016.